viernes, 7 de diciembre de 2018

Salida al refugio antiaéreo de Castelló

El pasado día 22 de Noviembre la clase de 4PR fuimos al refugio antiaéreo de Castellón, ubicado en el centro. Una chica joven fue nuestra guía por aquellos pasadizos en los que antiguamente reinaba el caos. Nos puso un vídeo que consiguió ponerme la piel de gallina. Al entrar en la sala comencé a sentir frío, y aquella sensación, por una milésima de segundo, me hizo recrear en mi cabeza la forma en la que vivirían las personas durante los bombardeos.
Sé que no fue nada fácil vivir lo que ellos tuvieron que vivir. Pocos seríamos capaces de sobrevivir con ese miedo constante recorriéndote el cuerpo de pies a cabeza, rezando a quien fuera por poder ver la luz del sol un día más.
Las palabras que las mujeres del vídeo pronunciaron, consiguieron clavarse en mi interior y hacerme sentir, por muy loco que suene, una milésina de su dolor. Las mujeres explicaron que ambas procedían de una familia muy unida y feliz, donde su mayor preocupación era pensar a qué juego iban a jugar ese día. Pero entonces, llegaron los bombardeos y la felicidad que emanaban sus sonrisas se tornó en una inmensa oscuridad y tristeza. Habían pasado de poder jugar todo el día a tener que correr con todas sus fuerzas hacia los refugios, intentando no morir en el intento. Los que peor lo pasaban eran los niños, evidentemente. Ellos no comprendían muy bien lo que estaba sucediendo, tan sólo veían horror y muerte por cada rincón. Cuando las mujeres terminaron de hablar, me di cuenta de que mi corazón se había acelerado debido a la agustia que me generaban mis pensamientos. En ese momento, sentí rabia: rabia por todas las muertes en vano, rabia por todas las personas afectadas de alguna forma por la guerra, rabia por que todo podría haberse evitado, pero no se hizo. Prefirieron matar a millones de personas inocentes, separándolas de sus familias únicamente por puro orgullo, para demostrar quién era el mejor.

Natalia González, 4PR.








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